El 16 de febrero de 2019 se celebra el Día Mundial de la Ballena para conmemorar la prohibición realizada por la Comisión Ballenera Internacional de la pesca industrial de este mamífero.

 Algunos países cuya subsistencia no depende de la caza de ballenas, aun conservan sus flotas de pesca, lo que ha creado un movimiento mundial para proteger a estas valiosas criaturas.  Esta práctica pesquera ha llevado a la extinción a varias especies y pone en riesgo la supervivencia de las restantes.

En el último cuarto de siglo Tokio implementó el programa de pesca científica y se ha retirado de la Comisión Ballenera Internacional. La carne de los animales cazados es distribuida en restaurantes y supermercados del país.

Recientemente un artículo científico listaba como enemigo de la supervivencia de las ballenas el ruido marítimo que ha llevado a las ballenas a “cometer suicido”.

Las ballenas ayudan a regular el flujo alimenticio en los océanos al mantener estable la cadena alimenticia, asegurando que ciertas especies no sobrepueblen el mar. Sus heces fecales ayudan compensar el carbono en la atmósfera. Algunos estudios han mostrado que los nutrientes en el popó de una especie particular de ballena, ayuda a estimular el crecimiento del fitoplancton, el cual atrapa carbono de la atmósfera para crear un ambiente más limpio y saludable para los demás animales. Se estima que que al rededor de 400.000 toneladas de carbono se extraen del aire gracias a las ballenas (https://www.whalefacts.org/why-are-whales-important/)