En las últimas semanas hemos estado recibiendo mensajes de alerta sobre el aumento de casos de distemper canino (moquillo) en la ciudad de Medellín.

Creemos que el origen de esta información es el brote que vivió Bogotá en los meses de mayo, junio y julio, que llevó a la eutanasia de 199 perros en la UCA (Unidad de Cuidado Animal) y del que se investiga si se trata de alguna cepa diferente pues los síntomas están siendo graves, incluso en animales vacunados.

Según un informe de La Perla del pasado 19 de agosto, se han rescatado 14 perros con diagnóstico positivo en el municipio de Medellín, que están bajo tratamiento.

Estamos a la espera de informes de los entes departamentales y municipales respecto la veracidad de la información sobre el aumento de casos, o si corresponden a la frecuencia que se espera de casos de esta enfermedad según la época del año (los casos aumentan cada año entre los meses de agosto y diciembre), y los resultados de las investigaciones que se adelantan sobre la cepa causante del brote en Bogotá.

El distemper canino es una enfermedad viral con distribución mundial. Afecta a los perros y algunos animales silvestres de las familias Canidae, Mustalidae y Procyonidae (hurones, mapaches, lobos, zorros, entre otros). Puede afectar a perros de cualquier edad, pero tienen mayor riesgo de enfermarse los animales jóvenes hasta los 6 meses de edad.

Este virus afecta varios sistemas y órganos, y la enfermedad tiene varias formas de presentación. Algunos de los síntomas más comunes son: fiebre, secreción nasal, secreción ocular, pérdida del apetito, diarrea y vómito.
El curso y presentación de la enfermedad es impredecible y variable, ya que su duración y el comportamiento en cada perro cambia de acuerdo al sistema de defensas y a la cepa del virus que causó la infección (recordemos que los virus tiene alta capacidad para mutar). Puede llegar a causar daños graves en el sistema nervioso que se manifiestan con convulsiones, ataxia o descoordinación y tics, o incluso causar la muerte.

La única forma posible de prevenirlo es la vacunación. Las vacunas por lo general son virus atenuados que promueven la producción de anticuerpos, proteínas producidas por el sistema inmune que permiten que el organismo se prepare por si entra en contacto con el virus. Las vacunas reducen el riesgo de contraer la infección, y en caso de que no se evite por completo, reducen la severidad de los signos clínicos.

Por la gran capacidad de mutación que tienen los virus las vacunas pueden ser ineficientes frente algunas cepas.

La aplicación de la primera vacuna debe realizarse a los 45 días de edad (esto puede variar de acuerdo a la edad del destete de los cachorros) y deben aplicarse varios refuerzos. Sí aún no se finaliza el plan de vacunación evita el riesgo de contagio reduciendo el contacto con perros desconocidos. Además, la vacunación se debe reforzar cada año acompañada siempre de una revisión general.

Mientras tenemos más información recomendamos no frecuentar espacios como guarderías caninas y parques para perros. Frente a cualquier síntoma de enfermedad consulta al médico veterinario y mantén al día el plan de vacunación. Si la vacuna está próxima a vencer (en los tres meses siguientes) recomendamos realizar el refuerzo anual de manera anticipada.