La Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronunció, luego de que las repúblicas de Colombia y Chile lo solicitaran, sobre las obligaciones que tienen los Estados frente a la crisis climática.


Este documento de más de 200 páginas, que es la Opinión Consultiva 32 de 2025, habla de extinción de especies, del cambio climático, del desplazamiento forzado por asuntos climáticos, entre otros temas relacionados con la crisis (colapso) que estamos viviendo.

La Corte reconoce el hecho de que todo es causado por la actividad humana y que hay unas desigualdades entre los Estados referentes a la intensidad del impacto. Es decir: hay algunos Estados que generan impactos más negativos al ambiente y hay otros, más vulnerables, cuyas poblaciones sufren las peores consecuencias de todos los fenómenos climáticos.

La Corte insta a tomar medidas urgentes y eficaces que, con la situación política global cada vez parecen más alejadas, para mitigar el daño a la humanidad.

Y, aunque es claro que esté pronunciamiento proviene de una organización de derechos humanos, llama la atención que sigamos siendo tan ciegos ante la necesidad de reconocer a los demás animales como víctimas de esta catástrofe. La visión supremacista y antropocéntrica, que sigue vigente, es la que nos tiene en este embrollo.

Frente a qué tan vinculante es este pronunciamiento, si bien no tiene unas órdenes concretas que puedan obligar a los Estados, sí deben ser adoptados por los países miembros de la OEA, como Colombia, atendiendo a la función consultiva que tiene este importante tribunal del sistema interamericano de protección de Derechos Humanos.

Valoramos este llamado a la acción y, por supuesto, invitamos a darle alcance, de manera que considere las vulneraciones que están sufriendo todos los animales como consecuencia del actual humano.