El 16 de mayo de este año (2022, para que no se vayan a confundir), EL TIEMPO publicó una desafortunada columna, escrita por la señora Viviane Morales. En esta, la columnista intenta presentar una crítica a la decisión de la Corte Constitucional, publicada en el Comunicado de Prensa No. 13 de 2022, a partir de la cual ésta Corporación prohibió la pesca deportiva en Colombia.

Gabriel Chica
Abogado y politólogo
Especialista en Docencia Universitaria
gabriel.chica@corporacionraya.org

Ya había presentado mi opinión respecto a esta decisión judicial, y pensaba no darle más vueltas a este asunto. Sin embargo, creo que vale la pena hacer un par de reflexiones adicionales, a propósito de los planteamientos de esta señora que, en su cruzada antiderechos, ahora le dio por meterse con los animales.

Por si alguien no ha leído la columna mencionada, es un escrito de opinión en el que la señora Morales manifiesta que el antiespecismo es irracional, y que la Corte Constitucional es más irracional aun. A la autora le parece que se deben permitir sufrimientos inútiles, justificados en lo que ella considera “la superioridad moral” del ser humano (ella dice “del hombre”, pero yo no). Es evidente que la exfiscal no profundizó lo más mínimo en el concepto de especismo, y se conformó con una generalidad. Dice -ridiculizando el argumento- que el especismo “equivale a una forma de discriminación”, y sí, efectivamente tiene que ver con la discriminación: nadie podría negar que los perros son más discriminados que los humanos, y que las vacas son más discriminadas que los perros, porque se discrimina diferente a cada especie. Pero el especismo no se agota en la discriminación, pues tiene la misma lógica del racismo, del sexismo y demás violencias estructurales: crean unas jerarquías que relegan a quienes consideran “inferiores”, les desconocen sus derechos, e incluso acaban con sus vidas.

El planteamiento presentado por la conocida religiosa Viviane no aborda los principales argumentos del fallo, y se agota en una de sus tradicionales fórmulas retóricas: se pregunta cómo los mismos magistrados que protegen a los animales aprobaron el aborto. De esta manera nos va quedando más claro el panorama: esta es una más de sus patadas de ahogada por la despenalización que hizo la Corte Constitucional de la práctica del aborto, autorizando a todas aquellas personas capaces de concebir, a interrumpir voluntariamente su embarazo durante las primeras veinticuatro semanas de gestación.

Para no caer en el mismo juego, tomémonos en serio la discusión. Esto implica que hagamos, por lo menos, una pregunta básica: ¿se ponderaron los mismos derechos en las dos decisiones de la Corte? Para no hacer esto tedioso con conceptos jurídicos, basta con decir que esta señora intenta comparar lo incomparable: de un lado puede verse que la Corte defiende a unos animales que están siendo víctimas de un acto que otros sujetos hacen por diversión. En el otro, se ampara que ciertas personas puedan tomar libremente una decisión que cambiaría el rumbo de sus vidas. Si lo pensamos a la inversa, ¿quién recibiría un daño mayor? ¿Aquella persona que debe dejar de practicar una actividad recreativa o quien ve afectado completamente su proyecto de vida? La respuesta es evidente.

En definitiva: pensar que un nasciturus tiene más derechos que su madre es, cuando menos, machista; y pensar que un pescador tiene mejores derechos que un pez es, a todas luces, especista.

La Corte Constitucional está lejos de ser antiespecista. Si así lo fuera, estarían prohibidas las prácticas taurinas y los “barcos de la muerte”, las cabalgatas y las distintas formas de explotación animal en la industria de alimentos. Mientras tanto, Viviane va y viene entre el machismo, la homofobia y el especismo, para validar los intereses de la clase política que representa, que tanto daño le ha hecho a este país, a los animales humanos y a los no humanos.