Hoy se conmemora el Día de la Tierra en todo el mundo. En todas partes las personas usan sus redes sociales con filtros, etiquetas, publicaciones motivadoras, los chats de Whatsapp se llenan de cadenas de cosas que podemos hacer para proteger a la tierra ¿Pero realmente hay algo que celebrar? ¿Realmente hay algo que proteger?

Juliana Barberi
Directora RAYA
Ingeniera biomédica – MSc en Desarrollo Sostenible
direccion@corporacionraya.org

El Día de la Tierra fue una iniciativa liderada por el senador estadounidense Gaylord Nelson, quien buscaba que hubiera más conciencia sobre asuntos como la sobrepoblación humana, la contaminación, la conservación de la biodiversidad, el calentamiento global y otras preocupaciones que, para esa fecha, todavía estaban estudiándose y comprendiéndose.

Pero ya van cincuenta años de que se empezara a conmemorar este día y en lugar de haber cambiado o mejorado la situación, cada vez esta peor. Basta con leer los últimos informes del IPCC sobre la crisis climática y podremos comprender el nivel de la emergencia que estamos viviendo.

Haciendo las fotografías para esta publicación encontré un mapamundi que era de mi abuela y me puse a pensar en lo difícil que es que encontremos la imagen de la Tierra sin las divisiones geopolíticas que nos inventamos los humanos y que, finalmente, han ratificado esa necesidad de poseer, de limitar, de poner barreras, de creernos superiores por equis o yé razón. Esta es una de las razones que nos tiene en gran medida en este atolladero. Buscamos sentirnos excepcionales y con poder absoluto de dominación sobre todo lo demás (con o sin vida).

Hemos tratado a la Tierra como una propiedad de la que obtenemos beneficios infinitos sin darnos cuenta de que no es más que un tiro en el pie. Por un lado, el planeta no tiene recursos infinitos, absolutamente todo lo que extraemos agota las reservas planetarias para una biósfera saludable. A eso le sumamos que estamos usando todos los recursos para satisfacer necesidades que NO SON REALES, que son construcciones de nuestra sociedad y que solamente fortalecen el sistema económico que solo busca vender y vender cada vez más.

En el mundo existen millones de especies y nosotros, los humanos, solo somos una entre tantas y sin embargo, nosotros solos, estamos llevando a las demás especies a una desaparición segura y a una cascada de sufrimiento y dolor. ¿Por qué no cambiamos nuestro rumbo? ¿Por qué nos es tan difícil salir de nuestras costumbres cuando de eso depende que podamos permanecer (todos) en esta tierra? ¿Por qué nos incomoda cuando sabemos que estamos contribuyendo con un gran problema y nos confrontan nuestras decisiones? ¿Por qué actuamos con tanta debilidad y tibieza si nuestra supervivencia está en peligro?

Son muchas preguntas que me hago debido a la inacción común. No puedo comprender cómo podemos seguir con unas vidas que parecen falsas y que nos impiden ver lo que realmente está pasando. Es probable que las ciudades nos “protejan” de la hambruna, el desplazamiento, las muertes, las sequías, las inundaciones y otro montón de eventos que no alcanzamos a ver, pero la realidad es que todos estamos conectados y tarde o temprano vamos a terminar resultando afectados ¿Esperaremos a que eso pase para hacer algo? ¿O podremos unirnos como civilización para luchar contra nuestro ego, nuestra soberbia y nuestro pensamiento supremacista?

Cualquier persona puede ayudar y es importante entender que todos y cada uno tiene un papel que cumplir: los individuos, las empresas, los gobiernos y la academia somos responsables de generar de manera urgente las herramientas necesarias que nos permitan hacer trancisiones rápidas a un futuro verdaderamente sostenible, pero no basta con “poner pico y placa” y dejar de recibir pitillos. Las decisiones que debemos tomar requieren mucha valentía y obviamente la incomodidad de dejar atrás un sistema dañino, injusto y desigual.

¿Qué podemos hacer? Son muchas las cosas que se pueden hacer y creo que es importante entender que nunca serán suficientes. No llegaremos a un estado de perfección, nadie podrá nunca tener un impacto cero, pero sí podemos disminuir notablemente lo que estamos haciendo mal. Muchas personas que inician en este camino tienen esa misma pregunta y quisiera recomendarles el libro de mi amiga Mariana Matija que se llama 10 PASOS PARA SALVAR EL PLANETA en el que nos guía por un viaje de entendimiento personal y de reconocimiento de nosotros mismos en medio de esta crisis. Es un libro muy bonito y fácil de leer y puede conseguirse en muchos países.

Aquí te dejamos algunos consejos generales que puedes tener en cuenta en este camino y puedes ampliar tu búsqueda en cientos de portales que divulgan información sobre la protección de la Tierra como Animal de Isla, Vegantalista, Carlota Bruna, Paula Filippelli, Revista Pantera, Hope, Kathryn Kellogg y un largo etcétera (obviamente también nosotras). Solo debes hacer una búsqueda en redes y encontrarás muchas cuentas que hablan de sostenibilidad y de mejorar nuestra relación con la Tierra, y sobretodo encontrarás una comunidad en la que apoyarte, en dónde consultar, en dónde solucionar tus dudas y dónde NO SENTIRTE SOLO en una causa que muchas veces parece perdida.

Todos somos tierra, todos somos animales.