A Daniela la conocí en el Animal Care Expo de 2018, en los Estados Unidos. Era mi compañera de habitación y tuvimos mucho tiempo para hablar y compartir. Ella es la directora del programa de bienestar animal de la Fundación Entrópika, que trabaja en el Amazonas colombiano en temas de sostenibilidad para las comunidades.

A principio del año me contactó para realizar una campaña de esterilización en Puerto Nariño, Amazonas, dirigida a 250 animales de la población. Entrópika, gracias al apoyo de la fundación Brigitte Bardot, la HSI y la Alcaldía de Puerto Nariño, pondría los insumos, la logística en la zona y el hospedaje y alimentación de parte del equipo; y RAYA se encargaría del montaje de la clínica, de las cirugías y de recaudar el dinero para el transporte, hospedaje y alimentación de la otra parte del equipo, de los honorarios veterinarios y de parte de los insumos. Además, Entrópika realizaría el obligatorio censo de perros y gatos para determinar si con nuestros recursos y capacidad, podríamos generar un verdadero impacto en la comunidad.

Ni cortas, ni perezosas, empezamos a organizar con mucha emoción esta campaña. Junto a Catalina Yepes, Gretel Álvarez y Mariana Matija, planeamos la campaña en redes, la campaña en Vaki y la búsqueda de marcas que donaran recompensas por los aportes.

Esta fue una campaña posible gracias a la unión de muchas personas e instituciones y allí radica la verdadera importancia. Sumar esfuerzos para una causa común: los animales y las comunidades.

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Como siempre hubo un periodo largo de recolección de fondos, compra de insumos, gestión, logística, etc. No es una tarea rápida, fácil o con pocos pormenores. La experiencia nos ha enseñado que nada puede darse por sentado, que hay que cuidar hasta el más mínimo detalle, que en nuestras manos está la salud y la vida de los animales y de toda una comunidad. Por eso siempre mejoramos, nuestros protocolos y procesos evolucionan, se pulen y se corrigen.

El censo realizado por Entrópika arrojó que para lograr un verdadero impacto, debíamos operar al menos a 200 animales y esa fue la meta de recaudación que nos fijamos.

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Después de meses de preparativos, de una campaña de recaudación colectiva de 20 millones de pesos y de mucho, pero mucho trabajo, juntamos lo que se necesitaba para poder viajar a Puerto Nariño.

En la madrugada lluviosa del 14 de julio estábamos listos en el paradero de buses hacia el aeropuerto José María Córdova. Éramos 13 personas hasta ese momento: Carolina, Catalina Ríos, Catalina Yepes, Darlys, Isabel Naudín, Isabel Labrador, Iván, Leonel, Mallerly, Mariana, Marta, Ricardo y yo (Juliana). En el aeropuerto nos encontramos con Angela, una voluntaria de EEUU y que es una técnica veterinaria retesa que ya nos ha acompañado en otras ocasiones. El equipo RAYA estaba completo. Chequeamos nuestras maletas (que eran muchas y muuuy pesadas) y viajamos sin contratiempos a Leticia.

Nos recibieron un calor raro, un aeropuerto diminuto y un gentío impresionante, conformado en gran medida por ciudadanos extranjeros exploradores de los territorios colombianos. Pagamos el impuesto de entrada al departamento y salimos del pequeño aeropuerto para encontramos con personal de Entrópika que nos guió hasta su oficina donde pudimos descansar un poco y refrescarnos del tremendo calor.

Apenas si alcanzamos a almorzar y ya teníamos que tomar la lancha que nos llevaría por el imponente río Amazonas hacia Puerto Nariño. El traslado en bote duró dos horas, y más allá de un tremendo aguacero, no hubo ninguna novedad. Llegamos y nos acomodamos en un hostal pagado por la Alcaldía de Puerto Nariño, luego fuimos a recoger nuestro equipaje para llevarlo al Instituto Educativo Agropecuario José Celestino Mutis INEAGRO, donde montamos nuestro quirófano.

En lo que quedaba de ese día, hicimos un pequeño recorrido para conocer a la población, mirar su distribución y ver en general la situación de la animales. Descansamos esa noche para iniciar al siguiente día con una campaña que llevábamos meses esperando.

Gracias a la gestión de Entrópika y con apoyo de la UMATA, quienes habían asignado turnos a la comunidad para su atención, iniciamos el primer día con la casa llena. Cuando llegamos a la escuela ya había personas esperando para ser atendidas. Realizamos rápidamente el montaje de lo que restaba de la clínica, hicimos una reunión previa Viv todo el equipo para conocernos y estipular el modo de trabajo y empezamos a hacer lo que más nos gusta en la vida: «capar perros».

Los días siguientes transcurrieron en «normalidad», lo que sea que eso signifique en una actividad como esta, en la que no solo lidiamos con individuos animales, sino con individuos familiares, individuos voluntarios e individuos de toda clase. Pero llega un momento en que uno se acostumbra a este «reality show» del altruismo, donde estamos trabajando todos para el mismo lado y con la misma misión, sin que falten los dramas, los problemas, las risas y el afecto.

En total esterilizamos a 220 animales entre perros y gatos (145 perros y 75 gatos). Pero no «solo eso», tratamos varios casos de tumor venéreo transmisible (TVT), retiramos un gran tumor mamario y administramos varios tratamientos para enfermedades como gastroenteritis, infecciones respiratorias, heridas, etc. A todos los animales que pasaron por la clínica, además de ser esterilizados, se les aplicó un antipulgas y antigarrapatas, la gran mayoría se fueron estrenando collares (donación de Ángela), todos con sus uñas cortadas y las orejas limpias, y un par hasta con peluquería (aunque no muy profesional 🤭). Esos «cariñitos» pueden parecer innecesarios, pero verdaderamente mejoran la vida de los animales, les dan un empujón y afianzan los vínculos con sus familias, lo cual para nosotros hace que todo valga la pena.



Al final, como siempre sucede, pensamos en que quisiéramos tener más plata, más tiempo, más vida para poder ayudarlos a todos. Nunca terminamos de estar contentas y siempre nos damos duro pensando que pudimos hacer más. Pero hacemos lo que podemos con lo que tenemos, optimizamos el recurso y maximizamos el impacto. Sabemos que esta labor no se termina, que tendremos que hacerlo siempre, pero qué más da, somos las capa perros y lo aceptamos con orgullo.

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