Les contamos la historia de cómo rescatamos a dos zarigüeyas en los últimos días, amenazadas por ser muy “feas”.

Juliana Barberi
Directora RAYA
Ingeniera biomédica – MSc en Desarrollo Sostenible
direccion@corporacionraya.org

Esta es la primera vez que en la clínica tenemos una situación como esta. Estas zarigüeyas estaban en nuestro barrio, el barrio donde se encuentra nuestra sede, y como todas las demás de su especie se ven expuestas a la estigmatización y a un montón de riesgos a partir de los perjuicios e irresponsabilidad humana.

Existen animales que han vivido siempre en este territorio y el hecho de que hayamos construido ciudades enteras, en lo que antes era su hogar, no quiere decir que ellos hayan desaparecido, muchos han logrado adaptarse y conviven con los seres humanos, pero en nuestro afán de ser únicos y separados de los silvestre nos hemos encargado de excluir, discriminar y desplazar a estas especies. Muchas veces esto se hace con buena intención, esperando que al alejarlos de nosotros se protejan de nuestro destructivo comportamiento, pero la realidad es que los animales que están adaptados a nuestras ciudades ya viven aquí y lo han hecho siempre, así que cuando los alejamos solo enviamos un mensaje de que son ellos los que deben afectarse y no nosotros como humanos los que debemos modificar nuestros comportamientos y nuestras percepciones.

Otro de los argumentos que escuchamos alrededor de esta especie, sobretodo de aquellos que buscan defenderla, es decir que no son ratas. Este argumento deja mucho que desear, pues justificaría todas las aberraciones que se le puedan hacer a un animal simplemente por pertenecer a la especie RATA. Ningún animal merece ser abusado ni maltratado, independientemente de las concepciones culturales que tengamos sobre ellos. Es claro que la sociedad odia a las ratas, ¿pero verdaderamente son individuos despreciables y detestables? La verdad es que no. Las ratas son inteligentes, solidarias, con complejos sistemas sociales, y así no tuvieran estas cualidades, tampoco nos da el derecho de dañarlas o buscar su exterminio.

De todo esto nos quedan dos aprendizajes: primero, que en nuestros entornos más cercanos siempre hay posibilidades para actuar en favor de los animales; sólo debemos estar un poco más atentos. Y segundo, que es importante encontrar soluciones integrales para los conflictos entre especies (teniendo en cuenta que unas de ellas -las domesticadas- son nuestra responsabilidad), que no generen desplazamientos ni mayores perjuicios para los otros animales.

Para terminar, en situaciones como esta, queda la reflexión multifacética ¿Está nuestra sociedad preparada para convivir con el otro, por disímil que sea?